Sobre El Templo
El templo de la Diosa está ubicado en el cantón Pedro Vicente Maldonado, hacia el noroeste de la provincia de Pichincha. Cuenta con tres hectáreas, en las que se pueden encontrar: árboles frutales, senderos para la meditación y acceso al Río.
Este santuario natural, nos brinda el espacio perfecto para la comunión con la Diosa Madre quien se manifiesta a través de los elementos de la naturaleza en este bello paisaje subtropical.
En la antigüedad los templos de la Diosa funcionaban como escuelas para aprender sus misterios, las sacerdotisas y sacerdotes a cargo de los mismos procuraban brindar la experiencia de la Diosa a los visitantes y al mismo tiempo iniciaban a los aspirantes que entraban al servicio de la Diosa.
El Templo de la Diosa en Ecuador, brinda una serie de actividades dedicadas al cuidado del medio ambiente, así como ceremonias o retiros enfocados en la espiritualidad de la Gran Madre Cósmica. También ofrece una formación para quienes sientan el llamado y la vocación de convertirse en Sacerdotisas o Sacerdotes de la Diosa.
En el templo también se celebran festividades estacionales; como solsticios, equinoccios, lunas llenas y nuevas, círculos de sanación y retiros orientados hacia una eco-espiritualidad.
El énfasis del Templo es enseñar acerca de las Diosas de nuestra tierra. Estas Diosas siguen presentes tanto en nuestra memoria ancestral, como en la sustancia de la Tierra. Al re-establecer una relación armónica con estas deidades establecemos un puente de regeneración entre la consciencia humana y el territorio. Algunas de las actividades propuestas son aranceladas, de esta manera podemos realizar labores de mantenimiento continuas.
Otras actividades de tipo informativo o devocional no tienen ningún costo y están abiertas al público en general.
¿Qué enseñamos en el templo?
Lo que aprenderás en el templo no son las tradiciones espirituales aborígenes de los pueblos de nuestros territorios. Sí reconocemos el legado que nuestros ancestros dejaron en la observación de los diferentes ciclos naturales del territorio (sisa pacha, rupay pacha, tarpuy pacha, tamia pacha) y estudiamos con mucho respeto sus mitologías.
Prestamos especial interés a las leyendas y mitos que retratan las figuras de lo divino femenino y las estudiamos simbólicamente. Investigamos sobre las culturas donde estas figuras han sido representadas y al mismo tiempo exploramos cómo sus mitos contienen valor para la vivencia de nuestra cultura moderna y el contexto en el que vivimos. Reconocemos que los nombres y presencias de estas deidades forman parte de la identidad cultural pero también de los paisajes donde habitamos. Hacemos uso de ofrendas, fuegos, cantos y las historias sagradas para re-establecer el puente con los Ancestros del Territorio y con las mismas deidades de la Tierra. Nos inspiramos en algunos rituales originarios, pero buscamos escuchar la voz del territorio en nuestras meditaciones para establecer nuevos ritos que nos permitan honrar a las fuerzas que nos circundan.
Reconocemos que nuestros ancestros establecieron contacto con estas deidades y generaron su propia relación con ellas. En nuestro hacer, nosotros meditamos en estos mitos, y re-conectamos con estas energías (cuando es posible). Hacemos uso de diversas técnicas que nos permiten establecer contacto con estas deidades. En muchas ocasiones debemos actualizarlas y contarles cómo las cosas han cambiado. Las deidades con las que hemos establecido contacto, se mantienen presentes en nuestros ritos; mientras que, aquellas con las que el contacto ha sido imposible o han negado nuestra presencia han sido respetadas y agradecidas.
Trabajamos dentro de un contenedor energético que se denomina la Rueda de la vida o la Rueda de Medicina que marca los 4 puntos cardinales y un eje vertical donde honramos El cielo, La Tierra y El Centro. Cada dirección está conectada a un elemento tal y como lo experimentamos en nuestro territorio. Cada dirección se asocia simbólicamente con un tiempo/pacha, por lo tanto con un aspecto de la la Diosa que se transforma a lo largo del año.
No buscamos «tomar» ni apropiarnos de las tradiciones originarias. Buscamos restablecer el contacto con las deidades que fueron reconocidas, nombradas o contactadas por nuestros ancestros, siempre y cuando estas deidades acepten nuestra presencia y alianza. Hacemos uso de los nombres que nuestros ancestros les dieron a estas deidades y de frases o palabras que en estos pueblos tienen importancia y que resuenan con las energías trabajadas.
Poseemos nuestros propios mapas que han sido desarrollados para facilitar el contacto y realizar nuestro trabajo ceremonial, devocional o contemplativo. Creemos en la importancia de actualizar nuestra relación respetuosa y armónica con el territorio, sus deidades, guardianes y ancestros, dentro del contexto moderno en el que vivimos.
Como andinos, compartimos y practicamos los principios de la cosmovisión sostenida por la mayoría de naciones originarias de los Andes. Reconocemos un mundo de energía viviente donde todo está conectado, donde existe complementariedad en las diferentes manifestaciones naturales y en la reciprocidad que debe existir entre las diversas familias visibles e invisibles que viven sobre este planeta.
A diferencia de un enfoque meramente histórico o de imitación, el templo propone una espiritualidad viva y adaptada, que dialoga con el pasado pero se sitúa en el presente.
NOTA IMPORTANTE: El sendero espiritual de la Diosa, no es un camino exclusivamente religioso. Es un sendero espiritual que busca honrar la vida y las relaciones armónicas que podemos mantener con el plano físico y los reinos invisibles. No se trata de depositar la fé ciega en una serie de deidades, se trata de comprender los diferentes niveles que componen la ecología de lo que somos y mediante una serie de prácticas psico-espirituales, contribuir a esa ecología y a nuestros semejantes. Rescatamos que el origen de la palabra sacerdocio significa: «hacer sagrado». Por lo tanto, buscamos sacralizar nuestra acción en este mundo revalorizando la vida y relacionándonos con conciencias espirituales más sabias que nosotros.
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